jueves 29 de enero de 2009

Mis memorias psicoanalíticas

Por Marcelo Galliano

La idea del coach de vida que los americanos del norte están imponiendo en otras latitudes, al igual que lo han hecho con alguna que otra costumbre de la existencia diaria, me ha hecho recordar mi corta, fatídica y adorable experiencia con el psicoanálisis.
Recuerdo haber caído en una supuesta terapia por obra de un detonante: una intoxicación. En un consultorio me dio la bienvenida una exquisita, bella e inteligente mujer de ojos avellanados y pelito a dos aguas. Al enterarse del suceso reciente no tardó en decirme: “Cuando uno se intoxica hay motivos internos”. Me pareció interesante la acotación. Quince días después la señorita suspendía la consulta… por haberse intoxicado. La anécdota me sirvió, años después, para diseñar la que llamé teoría de los espejos: “Toda persona y situación a que nos enfrentamos nos refleja, lo que nos molesta de los demás son rasgos que no asumimos en nosotros, cada juicio que emitimos nos describe, la relación que mantenemos con el mundo es idéntica a la que mantenemos con nosotros mismos”. (La señorita había acertado en su elucubración: en mí había un motivo interno… el mismo que ella no asumía en sí misma.)
Siguiendo esta línea de pensamiento, el psicoanálisis se convierte en un juego de imitación y limitación mutua, un poker en que cada jugador desconoce que su contrario posee cartas idénticas a las propias. En conclusión: cada terapeuta tiene el paciente que se merece.
El siglo XX no ha dado otro escritor más influyente que Sigmund Freud -a quien Borges no dudó en adjetivar de viejo chismoso- Su obra, más ficcional que científica, ha modificado el rumbo de todas las artes. ¿Esta extraña mixtura entre vida real y virtual, a laque el siglo XXI nos expone, será acaso una consecuencia del pensamiento freudiano?
Richard Wagner dijo que el artista era lo conciencia de lo inconsciente. En un mundo cada vez menos artístico, y en el que cada individuo, con más frecuencia, delega sus decisiones a la masa, no debería extrañarnos la idea de un coach de vida. Una célebre frase de Julio Cortázar nos alerta de este peligro: “Un hombre es el uso que da a su libertad.”
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viernes 23 de enero de 2009

Reportaje a Marcelo Galliano (diario La Voz - Provincia de Córdoba)



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jueves 22 de enero de 2009

Mi venganza (soneto)

Por Marcelo Galliano

A esa mujer que ni siquiera merece una dedicatoria



A manos llenas te entregué mi suerte,
mi torpe anhelo, mi esperanza vana
y un corazón vibrando cual campana
para que lo salvaras de la muerte.

Y te escribí ya ciego de no verte,
fijos los ojos siempre en la mañana
en que quizá golpeando mi ventana
te dibujaras en la sombra inerte.

Nada hiciste por mí. Sólo la dura
expresión de tu rostro ya perdura
como una daga cruel que se resiste.

Queda sólo un deseo: que algún día
como una tácita venganza mía
te vea morir abandonada y triste.


lunes 19 de enero de 2009

El dulce castigo

Por Marcelo Galliano



Escuchá lo que digo, que alguno de estos días
-uno, sí, que aparente ser como los demás-
la flecha milenaria sus dulces melodías
te clavará en el pecho: no sabrás dónde vas.

Y mirarás perplejo las cosas que otras veces
ni de perfil veías, las dejabas pasar,
y habrá una luna, un cielo, y habrá flores y mieses
y habrá un dolor, y ganas… de reír…, de llorar…

Y será cuando digas: “pero si yo no era
un tonto enamorado con ganas de sufrir,
y me daba lo mismo si otoño o primavera
y ahora miro el deshoje con ganas de morir;

yo era un tipo tranquilo perdiéndome en las bocas
que anónimas se abrían dejándose besar
y a esta altura extraviando esas costumbres locas
me exaspero por una que no puedo alcanzar”

Tendrá un rostro tu vida, tu sueño y tu desvelo,
tendrá un color de ojos tus ganas de seguir
y hasta unas pobres aves que cruzarán el cielo
susurrarán su nombre cuando las veas partir.

Y estará en todo -¡en todo!-: la alborada, la tarde,
en la lluvia, en el viento, la noche y lo demás,
y el corazón deshecho te dirá: “cómo arde,
jamás habías amado, jamás, jamás, jamás...”


Te va doler la carne, los huesos, la palabra,
el aliento, el deseo, las ganas de tener
entre tus manos torpes esa mujer… -¡qué abra
de par en par el alma, se deje poseer!-.

Te sentirás idiota labrándole unos versos
que muy ingrata ella dirá que no leyó
y pasarás, entonces, rey de los universos
a ser un pordiosero que el amor marginó.

Yo sé lo que te digo…: va a llegar ese día
en que el insomnio clave sus garras y al sufrir
comprenderás que no era ya una locura mía,
esto de andar penando de noche y sin dormir.

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sábado 17 de enero de 2009

Nota en Revista Ñ del 17 de enero 2009


Nota en Revista Ñ del 17 de enero de 2009
(Hacer click para verla ampliada)

domingo 11 de enero de 2009

Galliano en Europa


Acaba de salir en España la Antología de Poesía Castellana, que reúne escritores compendiados en entre 2005, 2006 y 2007. Entre ellos se encuentra el argentino Marcelo Galliano. Esta edición cuenta con el auspicio del Instituto Cervantes de Estambul, la Technische Universität Braunschweig, la Consejería de Cultura, Juventud y Deportes de Murcia –España- y la Georg Augsut Universität Göttingen.

lunes 5 de enero de 2009

Radiografia de un poema

(sobre "A esa mujer que ríe")

Por Marcelo Galliano

Dar una obra al mundo es un hecho de autocrueldad. Al instante en que una creación se hace pública, quien la hizo pierde su paternidad, resigna toda aspiración de rumbo sobre ella, la suelta sin mapa, sin previsión de consecuencias. Extraviar un caballo, decía el sabio, conlleva la posibilidad de reencontrarlo; dejar escapar una palabra, en cambio, es siempre una pérdida definitiva. Con una obra de Arte sucede lo mismo. Escribí “A esa mujer que ríe” hace tiempo, su incesante difusión me ha hecho perder su autoría; la ramificada trascendencia de sus versos –y la diversidad de uso que se la ha dado a sus letras- no deja de sorprenderme.Es cierto que el original lo escribí con dedicatoria, que la Mariela que alude es real. También es verdad que esa Mariela propalada en antologías, tarjetas, sitios webs y foros de poesía tiene hoy el rostro que bosqueja quien, en cualquier lugar, la imagina. Me encanta que me pregunten si esa mujer que ríe existe. Me fascina que más de uno use mis letras para su “Mariela personal”. Me sorprende saber que pasarán años y que alguien dedicará mis estrofas a alguien que yo jamás conoceré.Ni me he puesto a pensar si es mi mejor poema. Sería tonto de mi parte: ya no es mío.



A esa mujer que ríe

Tan sólo una sonrisa de Mariela podría
enjugar por completo toda lágrima mía,

y esparcir por la tierra como semillas nuevas
el aroma a jazmines que sus labios conllevan.


Cada risa que vierte es fiesta de campanas
que oscilan sus badajos al nacer la mañana

dibujando sonidos que perdidos al vuelo
se mecen como alondra que va escrutando el cielo.


¿No has observado, acaso, cuando en las tardes ríe
y no queda, en el aire, ángel que no la mire,

no escuchaste siquiera los murmullos silentes
que impone -con su gesto- al paso de la gente?


¿Jamás has percibido en las calles desiertas
el eco delicado de sus risas alertas,

la canción que susurra como el viento en las ramas
cuando sus labios vuelcan su risa edulcorada?


¡No dejes de reírte sirena de agua dulce,
que el río necesita la boca que lo endulce,

que a la noche serena, opaca, casi inerte,
le hace falta tu mueca que, rauda, la despierte!

¿Qué haremos, sino ríes, los torpes que en la vida
paseamos nuestra angustia por todos nuestros días

a qué dios malherido cansado e indulgente
llevaremos la causa de nuestra pobre frente?

Ríete que la lluvia te pide que te rías
para que pronto entibies las gotas que tan frías

se deslizan enfermas -por los cristales rotos-
mendigas de esperanza. ¡Sonríeles un poco!

Dame la medicina de tus dientes de nieve
y el licor de tu boca -¡que afuera llueve y llueve!-,

que si esta noche el mundo se despluma a pedazos
yo pensaré en tu risa -me sentiré en tus brazos-

Si la luna se fuga, si se van las estrellas,
si la tierra se abre y los cielos destellan,

si la mar se evapora cuando nazca la aurora,
se marchitan las rosas al pasar de las horas,


no me dejes sediento al morir -sin tu risa-
hiéreme con tu boca, pégame con un brisa,


invádeme las sienes, apuñálame el pecho
-igual, de tanto amarte, ya lo tengo deshecho-

Siémbrame un horizonte de risas duraderas,
que pueda, en cada paso, yo ver la primavera

que me empape de formas, aromas y colores
y frutos de las ramas de vívidos sabores.

Pido risa de ovarios, de senos y de huesos
cual carnal travesura de arcángeles traviesos;

quiero risa de entraña, de pasión, de mirada,
de prisa, -¡a manotazo, a pura bocanada!-

Exijo tu sonrisa porque lo puede todo:
armarme un nuevo cielo, rescatarme del lodo,

resucitar la encina, florecer el cerezo,
reverdecer la grama, cosechar en exceso.

Si la ciudad dormida, y mustia, y casi vana,
agoniza algún día tras mi triste ventana,

y la gris esperanza de una dura congoja
se va desvaneciendo -cuando se caen las hojas-,

gatilla con tu lengua la inmensa carcajada
que le cambie su cause a lánguidas miradas,

que emane un aura nueva y en veredas perdidas
esparza la sal blanca de renovada vida.


Deja explotar los campos tan henchidos de trigo
y mis ojos de dicha. (Tu risa está conmigo,

me charla, me seduce, flota por las palmeras
baña de miel mi sombra -¡bendita colmenera!-)


Por tu risa: los astros, las lunas y las rosas,
el gusano de seda, las acacias frondosas,

los pistilos en celo, la tierra y el rocío,
quintaesencia de todo, y hasta el lamento mío.


Yo sé que cada cosa de lo mucho que existe
lleva en su alma la risa que alguna vez le diste,

y sé que la energía de todo el que se mueve.
vive porque tus labios sólo así es que lo quieren.


Bendice mi tormenta con recuerdos jocosos,
morirme no es tan grave si recuerdo tus ojos

brillando como perlas cada vez que te ríes
-partir no será triste ya tengo quien me guíe-


Pues si me toca un día marcharme eternamente
muy poco en las valijas cargaré. Solamente,

de todo lo que habita nuestra tierra cansada,
me llevaré tu risa. Del resto: casi nada.


viernes 2 de enero de 2009

Carta a la perrita de la mujer que amo

Por Marcelo Galliano


Mora, querida Mora: no, no nos conocemos,
a lo sumo nos vimos siempre en ese lugar
donde ella te pasea y yo hago que no nos vemos
y a las dos muy, muy juntas, las observo pasar.

Te dirás a vos misma: "¿Y a mí por qué me escribe?
¡Qué raros los humanos no los puedo entender!
¡El hombre es tan extraño, ni sabe cómo vive
y son tantas las vueltas que da para querer...!"

El porqué de esta carta... no sé cómo te explico...
aunque ahora yo sospecho que vos ya lo sabés
y al margen de esas formas que, tan absurdo, aplico,
vos estarás pensando: "Ya sé que la querés,

mi dueña te fascina, te convierte en felpudo
y tantas... tantas veces la quisiste olvidar...
y en mi visión canina te digo que lo dudo:
¡la llevás en el alma, no la vas a borrar!

Le mandás libros raros, decís estupideces
y ella se queda muda sin saber qué decir,
y mientras pasa el tiempo y amarillean las mieses
se convierten en viejos que no saben vivir."

Ay Mora, no es tan fácil...; me gustaría explicarte...
hay un pasado, hay miedo, cosas que superar,
prejuicios y tonteras que implican todo un arte
con el que las personas nos perdemos amar.

Vos dirás: "ella es sola, no tiene nadie al lado,
vos también estás solo, ¿qué es lo que hay que entender?,
¿cuáles son las ventajas de estar acongojado
sin nadie que en las noches te pueda proteger?

Mi vida es tan... tan simple, soy feliz con muy poco:
me como el balanceado, me sacan a pasear,
si a veces me sonrojo por un perrito loco
no pienso ni un minuto querer disimular.

¿Prejuicios? ¿De qué habla? No entiendo a los humanos
¿qué puede ser tan grave para evitar querer?
Lo que opinan los otros es nada si en las manos
a aquello que deseaste vos podés poseer".

Morita... sos tan sabia .. me gustaría ser perro,
corretear por las calles sin temor a ladrar,
gritarle a todo el mundo lo mucho que me aferro
a este amor increíble que no pienso soltar.

Dame tu ayuda, Mora, no dejes a este idiota
penar inútilmente dejándose morir,
así, tan dolorido, con la palabra rota
pidiendo que tu dueña le vuelva a sonreír.

Quizá al estar tan cerca, tan cerquita de ella,
podés darme una mano y hablarle algo de mí.
sin frases, sin palabras, como mascota bella
que usa sólo sus ojos para pedir un sí.

Dale Mora, decíle que se anime y me diga
que en una tarde de éstas me le puedo acercar
y un crepúsculo rojo la boca nos bendiga
y aquellos versos viejos le pueda recitar...

Y a vos yo te prometo un parque inmenso y tuyo
sin vecinos molestos que te hagan acallar
y hasta un perro lanudo que, suave, con su arrullo,
al igual que yo a ella, te pueda amar y amar.


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