miércoles 21 de mayo de 2008

El hombre: ¿el animal que escribe?

(sobre los recientes hechos de violencia infantil)
por Marcelo Galliano

La anotación freudiana da, no sin indisimulable cuota de irónica exactitud, la aparición del insulto como el nacimiento de la civilización (la violencia verbalizada reemplazando -o retardando- el arrojamiento de la piedra, el golpe, la dentellada, las manos como garras deshebrando la carne del cuello del agredido).
No es descabellado arriesgar que el grado de capacidad de verbalización de una sociedad es inversamente proporcional al desarrollo de la violencia en su entramado. Quizá –incrementando los riesgos- se podría afirmar que la antítesis de la guerra no es la paz, sino el debate.
El último cuarto del siglo XX ha sido fundamental en materia de accesibilidad a los medios de comunicación. Los canales de difusión se masificaron abaratando sus costos, facilitando su empleo, multiplicando sus funciones. Un adolescente medio de hoy accede, diariamente, a una tecnología comunicacional hace dos décadas inalcanzable inclusive para un jefe de estado. La situación que se plantea jamás se ha dado en la historia: el hombre adquiere el medio antes que el fin. La consecuencia de esto es evidente y grave: la exposición a situaciones inmanejables.
El ejemplo es recurrente pero no por eso menos cierto y efectivo: un medio de comunicación como Internet, nacido para interrelación de datos específicos, corre el riesgo de convertirse en una usina de injurias, en un mentidero apto para el enciclopedismo apócrifo, en un campo ideal para la calumnia anónima.
La sociedad argentina sufre, últimamente, actos de violencia aparentemente acausal. La agresividad física -incluso en casos extremos- se ha evidenciado en la población escolar. Plantear una analogía, entre el mundo real y el virtual, puede ser peligroso, pero no por eso deja de ser tentador. ¿Estamos acaso ante una infancia excedida por el mundo en que vive? ¿Al igual que el hombre primitivo, incapaz de codificar neurolingüísticamente su agresividad, sus deseos de posesión y sus sentimientos, el ser humano actual tiene como únicas respuestas la lucha y la huída?
Las nuevas generaciones han desgastado la palabra y reducido la gramática a un bosquejo rudimentario (con cierta causticidad, diría que hoy se insulta sin riqueza y se agrede sin ironía). La paradoja es alarmante: un mundo cada vez más inabarcable posee cada vez menos vocablos para ser descrito. De esto se desprende la inquisición más inquietante: ¿Están los intelectuales capacitados para revertir este camino regresivo?
Si bien la palabra escrita es la consecuencia de la palabra hablada, la escritura es la forma tridimensional más alta de la civilización. El vocablo escrito es meditado, proviene del silencio; es más, tanto se comunica con la voz como con el hiato, con lo dicho como con lo no dicho.
Los escritores deberíamos demostrar la calidad de nuestros silencios cuidando un poco más nuestras palabras.

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2 comentarios:

AGUAMARINA dijo...

QUERIDO MARCELO:
TU ARTICULO ME PARECIÓ ESTUPENDO. Y MUY VIGENTE.
EN "LA PALABRA UN INSTRUMENTO" (www.circulodeescritores.org) ENCONTRARÁS CONCORDANCIA CON LO QUE EXPRESAS TAN PERFECTAMENTE. CREO QUE TENEMOS PUNTOS DE VISTA MUY COINCIDENTES AL RESPECTO. LOS ESCRITORES TENEMOS GRAN RESPONSABILIDAD EN ESTE TEMA.
MARITZA BARRETO

Anónimo dijo...

en tu articulo sos muy acertado,en el acontecimiento actual por lo menos de nuestra region y, creo que alrededores.Lamentablemente en los circulos de gobierno y autoridades,ha llegado el bestiario y no la sencibilidad artistica ointelectoprofesional por lo cual ayuda a potenciar, este problema.Queda el animal, y se pierde la racionalidad. Eduardo (el relojero)